Que ni pierdan la cabeza

El que se enoja, (casi) siempre pierde…

Se analizan las dos caras de River. Se habla de la tenencia como bandera a veces raída. Se mencionan los puntos perdidos y la bronca por esos puntos perdidos ante rivales hipotéticamente “ganables” en un torneo de 30 equipos. Se puntualizan errores defensivos y bajones individuales. Se ladra por el fair play después de una jugada que le dio mil revanchas luego del pique… Y en medio de ese final caótico y exagerado en Paraná, emerge un dato: el equipo recibió siete tarjetas, la máxima cantidad en un partido en 125 encuentros oficiales de la era Gallardo. Con un vendaval tras el 2-1 de Patronato: ahí fue amonestado D’Alessandro por protestar, fue expulsado Denis Rodríguez ¿por insultar?, vio la amarilla Casco (pudo ser roja) y también recibió una amonestación Ponzio (por otro foul). Todo en cuatro minutos…

En la fervorosa y limítrofe ida por la semifinal de la Sudamericana 2014 con Boca el equipo del Muñeco había visto siete amarillas. En la revancha por la final de la Recopa con San Lorenzo había sufrido seis amonestaciones y una expulsión (Funes Mori). El domingo no era un superclásico copero ni un partido por un título internacional, pero después de un partido normal desde lo disciplinario, llegó ese desenlace que fue un derrotero.

Y el centro de varias escenas fue Andrés D’Alessandro. Calentón por naturaleza, su carácter -además de su jerarquía- distinguió su carrera. Pero en Entre Ríos se lo vio especialmente fastidioso: con un camarógrafo en la arenga inicial, con los hinchas que -una vergüenza- le tiraron con lo que tuvieron a mano al intentar hacer un lateral, con Lemos en repetidos cruces más allá de la discusión por el pique y con Forestello, el entrenador rival, mientras River buscaba el empate.
vio la amarilla Casco (pudo ser roja) y también recibió una amonestación Ponzio (por otro foul). Todo en cuatro minutos…

En la fervorosa y limítrofe ida por la semifinal de la Sudamericana 2014 con Boca el equipo del Muñeco había visto siete amarillas. En la revancha por la final de la Recopa con San Lorenzo había sufrido seis amonestaciones y una expulsión (Funes Mori). El domingo no era un superclásico copero ni un partido por un título internacional, pero después de un partido normal desde lo disciplinario, llegó ese desenlace que fue un derrotero.

Y el centro de varias escenas fue Andrés D’Alessandro. Calentón por naturaleza, su carácter -además de su jerarquía- distinguió su carrera. Pero en Entre Ríos se lo vio especialmente fastidioso: con un camarógrafo en la arenga inicial, con los hinchas que -una vergüenza- le tiraron con lo que tuvieron a mano al intentar hacer un lateral, con Lemos en repetidos cruces más allá de la discusión por el pique y con Forestello, el entrenador rival, mientras River buscaba el empate.

Fuente: OLE

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